Por Javier Garcia
Han pasado ya muchos años desde que conocí el bonsái y esto sucedió leyendo una revista de avión que un familiar traía de sus frecuentes viajes a Londres.
Cuando vi las fotos quedé asombrado y comencé a devorar el artículo. Al día siguiente estaba buscando algún libro sobre el tema, pero cual fue mi sorpresa cuando comprobé que nadie sabía de lo que hablaba.
Nuevamente recurrí a este familiar con la esperanza de que en Inglaterra encontrara algún libro y de este modo, al fin pude tener algo para comenzar con esta afición que me apasionó en poco tiempo.
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Ya desde el principio empecé con la recolección pues viviendo tan cerca de las montañas era lo más lógico y en cuanto pude me acerqué a los bosques de caducifolios en busca de cualquier cosa pequeña que tuviera forma de árbol. Con el paso del tiempo aparecieron las revistas especializadas y éstas fueron poco a poco educándome el gusto, orientándolo hacia las tendencias de Japón, así que pronto mis esfuerzos se dirigieron hacia las coníferas.
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Es curioso como se va evolucionando y como poco a poco se van asimilando los conceptos de belleza y los valores que los japoneses tienen del bonsái. En mi caso, aún recuerdo como durante mucho tiempo en las salidas al monte estuve pasando al lado de maravillosos pinos, con impresionante cortezas y grandes Sharis por todo el tronco y prácticamente no les hacía ni caso pues me parecían palos largos con dos ramas. Claro que aún estaba obcecado en encontrar material muy denso, ramificado y con cierta forma de árbol “convencional”.
Pero al conocer el estilo bunjin comencé a fijarme en ellos y pronto la naturaleza fue mostrándome la belleza que encierran estos pinos cuando son tan viejos y retorcidos.
Para cuando quise darme cuenta, mis gustos habían girado 180 grados, finalmente solo tenía ojos para ellos, no me cansaba de mirarlos con increíble asombro, me causaban una extraña sensación y sin saberlo estaba sintiendo el sabi-wabi¹ del que tantas veces oí hablar. |
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Llevo ya bastante tiempo cultivando pinos silvestres y en la actualidad casi todo está dicho, pero si en algunos puntos hiciera especial hincapié sería en los siguientes.
Para pinos establecidos cuyo objetivo es mantener el equilibrio y reducir el tamaño de acicula.
1.- Regar menos. ¿Si mantengo vivos los pinos, quiere decir que estoy regando bien?, ¿Cómo se si lo estoy haciendo correctamente?
Tuve algunos pinos en un pueblo al que sólo iba los fines de semana y por tanto los riegos eran muy espaciados, hasta 2 y 3 veces menos, si los comparaba con los que tenía en casa. Con el tiempo observe que estaban saludables, brotaban y retrocedían muy bien y curiosamente la acicula era más pequeña, así como las yemas que formaba para el año siguiente.
Siempre nos han dicho que regar es una técnica difícil, y que en Japón los alumnos pasan sus primeros años aprendiendo a regar, pero cuidado, siempre supervisados por un maestro. Si no tenemos cerca nadie con más experiencia no sólo puede que lo estemos haciendo mal, además puede que sigamos así durante muchos años. Hay que hacer pruebas y estudios de observación, como por ejemplo ir reduciendo el riego en algún pino de menor valor.
2.- No olvidar durante los transplantes colocar en el fondo de la maceta parte de las micorrizas formadas en el sustrato anterior. Esto entre otras cosas, ayuda muchísimo al punto anterior pues te permite reducir el riego considerablemente.
3.- Recortar la acicula más vieja y aclarar brotes, son dos técnicas fundamentales. Recortar la acicula durante el otoño favorece la aparición de yemas traseras pero siempre me ha ido mucho mejor cuando ha estado acompañada de un aclarado de brotes.
4.- Sol al máximo.
5.- Reducir el abono, sobre todo el primaveral.
6.- Trasplantar menos.
Con los años, en los pinos que tengo más establecidos, equilibrados y con mucha densidad, al llegar la primavera, curiosamente las yemas no se alargan formando velas, únicamente se abren dejando una acicula muy corta, así que no necesito pinzar y solo realizo aclarados de brotes que hace que aparezcan nuevos yemas por el interior y en otoño recorto la acícula trasera, para que la luz y el aire penetren bien.
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