Espiritu de amistad * |
Por Vicente Rodríguez y Juan Tomas
Para entender este árbol habría que hacer referencia al hábitat o ecosistema que propicio su nacimiento y desarrollo del mismo, que es el que ha determinado sus características personales. Ese entorno se asemeja a una condena ya que enraíza anclado en pura roca caliza y el clima que padece es extremo. En verano subsiste a pleno sol soportando temperaturas elevadísimas, sin recibir una gota de agua durante meses. Días y días en los que cuesta incluso respirar, arde el aire y mas aun el suelo. Después vienen las lluvias, siempre escasas, y sin que te des cuenta el frió invierno, que se torna gélido por las noches al congelarse el agua entre las grietas, quebrando rocas y raíces. Esta estación también es sinónimo de viento, un viento casi constante de tramontana que le va azotar implacablemente.
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Así nació y ha vivido nuestro Ullastre, modelado por el sol terrible del verano, y por el violento viento y el hielo del invierno, decenas, centenares de años. Es un milagro que en tales condiciones haya sobrevivido, por lo hay que honrarlo y venerarlo por ser un autentico regalo de la naturaleza.
Este yamadori lo recupere hace alrededor de catorce años en Mallorca.
Los primeros años fueron para enraizarlo a la vez que reflexionar sobre sus diferentes opciones de plantado y diseño.
Cuando llego el momento de definir su diseño apareció Juan Tomas que supo apreciar sus mejores virtudes para obtener la presencia actual de este excepcional árbol.
En la actualidad es el que lo cultiva y lo modela.
Gracias a mi fortuna por haber dado con el en la montaña y al buen hacer de Juan durante estos años obtuvo el reconocimiento del maestro Kunio Kobayashi y le hizo merecedor de dos premios en el II Concurso lnternacional Mistral Bonsái, 'Premio Olea', (2005) 1º Premio al Mejor Bonsái y Premio al Mejor árbol Europeo.
Vicente Rodríguez. |
El inicio de mi relación con este árbol hay que situarlo hace más o menos catorce años en la casa de mi buen amigo Vicente Rodríguez.
Vicente es el propietario de este maravilloso Ullastre mallorquín que acababa de recuperar y que empezaba a brotar con fuerza. Este encuentro iba a marcar mis vivencias en este fascinante mundo del bonsái.
Había que afrontar el reto de decidir el destino del árbol, su estilo y personalidad. Estaba en un cajón de madera tumbado como rastrero apoyado sobre su parte trasera. Todas y cada una de las opciones que le habían sugerido a Vicente suponían cortar partes del ullastre, no obstante, propuse sembrarlo en semicascada respetando al máximo cuanto ofrecía el ejemplar.
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Y así se quedo, por eso hoy asoman unas raíces aéreas en su parte trasera, que son las originales de su enrizamiento. Con uno de los incipientes brotes de la parte superior creamos el ápice y la rama colgante se acorto parcialmente sustituyéndola por otra para darle más movimiento. El tiempo y los mimos hicieron el resto. A medida que iba creciendo fui creando la ramificación y seleccionando las ramas. El alambre ayudo a dirigir y orientar los movimientos que sugiere el árbol.
Lo cierto es que si hago memoria me doy cuenta de que durante este proceso de formación me he dejado llevar por lo que el árbol iba sugiriendo. He intentado con más o menos acierto interpretar la magia que transmite, buscando potenciar sus virtudes y olvidando sus múltiples defectos. Así es como veo el bonsái, con generosidad, respeto y sobre todo huyendo de la practica tan común entre muchos aficionados de destacar en primer lugar los defectos de cualquier árbol.
Todos los árboles tienen imperfecciones pero si únicamente nos fijamos en ellas o no somos capaces de asumirlas como atributos propios no llegaremos jamás a la esencia del árbol. De esta manera aprendes a quererlos, a darles lo mejor de ti para sacar lo mejor de ellos. |
En abril de 2005 decidimos presentarlo al Premio Olea de Mistral Bonsái en el que obtuvo dos distinciones, el máximo galardón como el mejor árbol del certamen y también la de mejor árbol europeo. Kunio Kobayashi, que fue quien presidio el jurado, manifestó refiriéndose al árbol que le cautivo mucho y que le transmitía grandes sensaciones debido a que estaba hecho con el corazón. Esas pocas palabras del maestro fueron más que emotivas y gratificantes, a la vez que esos reconocimientos puede que sean la recompensa y confirmación de todos estos años de formación autodidacta y en muchas ocasiones a contracorriente.
En definitiva, mi trabajo ha consistido en ponerme al servicio del árbol a través de la contemplación, admiración, devoción, respeto y amor. |
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Me identifico poderosamente con las palabras de un maestro japonés de este arte que decía: "después de mi muerte mi alma vivirá para siempre en mi bonsái". Y aunque este árbol no sea mío espero que a mi amigo Vicente no le importe que mi alma viva en el. Gracias.
Juan Tomas |
| * El titulo de este articulo es responsabilidad de la redaccion de Spainbonsai.com. |
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